¿El ojo que ve es conciencia?

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¿El ojo que ve es conciencia?

El ver siempre es conciencia en la experiencia. Entendiendo el ver cómo la evidencia de ser consciente, ese ver es constante en toda la experiencia. La realidad de ser consciente es evidente, y es diferenciada de las experiencias por su imprenta de ser siempre la misma presencia. 
 
 El ojo como analogía de posibilidad de ver, es el ver mismo o el ser consciente. El indicativo de que si no se está consciente no hay experiencia, no hay “nada”. Debería de mirarse en el hecho de “quien” está consciente, ese quien, es el despiste del reconocimiento de ser conciencia y esencia. 
 
Si la presencia o el ser consciente olvida toda la experiencia, la realidad se impone como esencia absoluta, que es lo que verdaderamente permite toda presencia y experiencia continua. La realidad de ser esa esencia de presencia o consciencia. Es la realidad de ser lo que se es eternamente, eso es la auténtica identidad, idéntica a sí misma siendo. La identidad es la ausencia de toda experiencia, es Eso adimensional y atemporal siendo sin experiencia, como pureza Absoluta. 
 
La realidad del ver es la base de toda luz, siendo la oscuridad una apariencia de esa luz, dicha oscuridad es el aspecto de la luz que provoca la infinitud de contrastes en la experiencia. 
 
La pantalla, fondo o vació donde la experiencia sucede, es la misma presencia desubicada de todo centro de experiencia. El aparente fondo o vació es presencia configurando formas de experiencia. 

El ser consciente

Las experiencias es el ser consciente de lo que sucede, siendo siempre presencia presente simultaneada con las experiencias. La realidad de toda experiencia la configura la realidad de presencia o el ser consciente, en una biunidad constante, pues toda experiencia está hecha de presencia o conciencia; en realidad la experiencia es la misma conciencia en forma de experiencia. 
 
Las experiencias es este juego lúdico de la conciencia, que permite toda intensidad y contraste, como drama o comedia. El amanecer de la conciencia es la gloria del puro amor, que es la conciencia en forma de experiencia. 
 
La vida o la experimentación, es un suceder en el “ojo” de la esencia absoluta, en este aparecer de la conciencia y sus experiencias. Y el hilo continuo de presencia consciente, indica la esencia absoluta.
 
Reconociendo e investigando la evidencia de la conciencia o el ser consciente, es el ver que puede revelar la realidad de lo visto, el ver mismo, y su esencia.
 

Piensa mal y nunca acertaras

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Piensa mal y nunca acertaras

Pensar que tal o cual persona piensa mal, no es lo mismo que acerca de las persona, o pensar mal sobre nosotros mismos. Si entendemos que el pensar mal sobre alguien es pensar deseando que le vaya mal, o el haciendo juicios de valor, etiquetando a la persona de mala, como también el pensar mal sobre la idea de nosotros. Todos esos pensamientos siempre acaban mal en uno mismo, en infinidad de posibles consecuencias. 

Los pensamientos y sus consecuencias

Cuando investigamos los pensamientos y sus consecuencias, descubrimos que están íntimamente relacionados con el sufrimiento que se vive en cualquier aspecto humano, emocional, físico, o circunstancial. Todos los pensamientos que conlleven juicios y etiquetas de nosotros mismos en negatividad, o una positividad basada en las ideas de superioridad, que menosprecia a los aparentemente otros; y los pensamientos de crítica y deseo de mal hacia alguien. Estos pensamientos siempre generan de una u otra forma sufrimiento en nosotros mismos.
 
El pensamiento negativo básico, es la idea negativa y errónea de nosotros, a partir de la cual genera los pensamientos negativos hacia los demás o el mundo en general. Y esos pensamientos están impregnados de emociones, y posibles acciones, que se somatizan en el cuerpo físico en infinitud de posibles tensiones, dolor, o patologías. También esos pensamientos colaboran a generar unas circunstancias negativas que se suelen vivir amplificándolas y provocando más sufrimiento. 
 
 Aunque la persona en general hace lo que puede, y hasta que no empieza a darse cuenta reconociendo y aceptando un poco más, los patrones de las ideas falsas y negativas no cambian. Siempre hay una posibilidad a un mayor y más correcto entendimiento. Dejar de pensar en negatividad es fundamental para corregir distorsiones de la identificación. Pero el pensar ha de ser una consecuencia del ver, sino es una superposición que traerá su problemática.
 

 

¿El trabajo dignifica?

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¿El trabajo dignifica?

El trabajo o la actividad forman parte de la experiencia del vivir, y fundamentalmente gozar del trabajo por la actividad misma, es la mejor e inmediata recompensa; claro que las consecuencias del trabajo conllevan su importancia, pero si la consecuencias ultimas es el único fin, el trabajo puede llegar a ser una tortura. Lo que realmente dignifica al trabajo es el gozo de la actividad en esa recreación de la vida siendo. 
 
La dignidad más digna es la felicidad y su base estable es la paz, la felicidad y el amor es lo que cohesiona la vida, la felicidad es el derecho de ser simplemente por ser lo que somos, pues la felicidad genuina es la irradiación de nuestra naturaleza original. Otra cosa distinta es la felicidad como resultado de deseos psicológicos, en donde el yo (ego) proyecta sus demandas; el desear hacer, tener, sentir, “ser”. Este tipo de felicidad es oscilante y siempre incompleta. 
 
Realmente lo que se anhela es una felicidad estable, aunque normalmente no se es muy consciente de ello. La felicidad estable es más un estado de paz, del cual se goza de las intensidades que aparezcan para luego retornar a esa paz. La felicidad de no necesitar, de reconocer que todo viene dado, de hecho es estar bien con uno mismo simplemente por Ser. 
 
El trabajo no puede dignificar cuando se vive completamente digno de ser lo que ya se Es. La dignidad la da la realidad que somos, y el trabajo o la actividad forma parte de esa realidad. Más bien la realidad que somos dignifica al trabajo, y no al revés. Dignos de ser el Ser en su inmensa totalidad y eternidad.

La exaltación del sentir Ser

Siendo presencia presente, surgiendo el sentir en oleadas de gozo… el amor que brota de lo íntimo y envuelve todos las aspectos de la consciencia en un intenso sentir. Cuando el gozo no surge de nada, en una intensa vivencia de Ser sintiendo. Cuando en la paz inamovible de Ser surge una sutil sensación de sentir, amor, incrementándose progresivamente, que hace que el cuerpo sienta intensamente. Colmándose de gozo la experiencia sin más, solo por el hecho de Ser. Un reconocimiento del amor como Ser en su expresión más auténtica siendo. 
 
La vivencia de sentir directamente la emanación de ser, no de que algo aparentemente de fuera provoque aspectos de amor, gozo o placer; sino que es como de dentro, o un descenso en relación con el cuerpo, de un sentir, amor, felicidad que llena toda la consciencia o experiencia. Esa vivencia es reconocida por quien en alguna medida lo ha experimentado o reconocido, si no es así le puede parecer a la persona que oiga esta exposición algo muy distante y poco creíble. Todos los seres humanos han vivido aspectos del sentir genuino pero no ha sido reconocido. La carga psicológica y emocional con las inercias correspondientes, impiden ese reconocimiento y vivencia intensa del sentir íntimo de Ser. 
 
También muchas veces se puede tener una interpretación de que esa vivencia es la esencia de ser, cuando la esencia de ser es paz, es la intensidad sin variación, no intensidades. La paz esencial es Aquello que es sin apoyos, sin distorsiones ni variaciones; es tan simple y tal total, que su simplicidad es su dificultad.
 

Lo que toca hacer y la posibilidad

Lo que toca hacer y la posibilidad

Todo lo que está sucediendo es invariablemente lo que es, y toda posibilidad está abierta siempre. Todo hacer actual es el resultado de infinitud de variables, por lo tanto es lo que es desde la totalidad siendo; la comprensión de eso debería de liberar la culpabilidad rancia del yo responsable y negativo. La posibilidad a incluir un nuevo ver y la abertura a una nueva experiencia siempre está presente, porque lo nuevo en la acción o la experiencia proviene del ahora continuo sin tiempo, el ahora siempre está abierto como realidad instantánea de Ser siempre ahora. 
 
Haciendo lo que toca hacer, que es realmente lo que se está haciendo, en ese hacer es posible el reconocimiento de que lo que está ocurriendo es correcto aun con las posibles “limitaciones”, pues el reconocimiento no tiene que variar lo que está sucediendo, aunque surja el querer cambiar lo que está sucediendo, eso forma parte de lo que está aconteciendo, y el reconocer eso acepta profundamente lo que esta surgiendo. 
 
Nadie tiene que dejar de ser lo que es porque no puede, y es una contradicción de términos mentales, ni hacer otra cosa que lo que se está haciendo pues es lo que toca, la obsesiva preocupación (preocuparse antes de ocuparse) o proyección del debería, es mentalmente estar en falso y tiene su carga de emocionalidad correspondiente, esto sucede y puede dejar de suceder cuando acontece el reconocer.
 
El saber que todo está bien y no necesitar nada, es realmente lo que se puede llamar liberación, que intuitivamente es lo que se desea aun sin saberlo. Lo que toca está bien porque es lo que toca, y es la totalidad de ser lo que se Es.
 

La Posibilidad

La posibilidad es la auténtica esperanza…La raíz de toda paciencia y constancia es la intuición de la posibilidad. La posibilidad viene del poder que está en nosotros, del poder de ser lo que somos verdaderamente, ese poder lo intuimos porque lo somos; cuando se afirma, mientras hay vida hay esperanza, ¿Cuándo no hay, o somos vida?, y la vida esencialmente por muchas contradicciones mentales que haya, quiere vivir; para esa respuesta deberíamos usar verdaderamente la experiencia, y no que la respuesta provenga de una especulación mental. 
 
La base de toda meta sea la que fuere, es el poder de Ser, lo que somos. Pues ese poder que es Ser, es toda posibilidad. Aunque esencialmente la intuición de posibilidad indica el poder que somos, más que las infinitudes de posibilidades de experiencia o de modos de ser que se puedan experimentarse; esas metas o aspiraciones con todos sus esfuerzos de vuelta a empezar una y otra vez, son muy valorados, y son valorados porque hablan íntimamente del poder de la realidad que es el valor por excelencia. En la experiencia el poder de la realidad, la vida, es toda esa maravilla de posibilidad hecha realidad experimentada. Darse cuenta que detrás de toda demanda por muy digna que parezca, realmente la demanda es reconocer verdaderamente lo que somos. 
 
El reconocimiento de nuestra autentica naturaleza es siempre una posibilidad, y está ahí, y solo cuando surja la demanda, la posibilidad se encargará de los aparentes modos. Aunque se experimente desánimo, fracaso, imposibilidad; posiblemente sean los modos que la posibilidad provoca. Reconocer esa intuición de posibilidad, y reconocer el poder de la realidad eterna que somos.
 

No somos nada

nada

No somos nada

Realmente la expresión no somos nada, quiere decir no somos nadie, quiere decir no somos alguien, somos nada. Cuando la muerte de una persona (forma) deviene o las pretensiones de ser y conseguir quedan en nada, es normalmente cuando estas expresiones surgen. La palabra nada es una de las menos comprendidas, pues la ausencia de algo se le llama nada, y quiere decir que no hay eso que se pretendía que hubiere, pero de algo es simplemente un contraste sobre ese algo. Pues la insistencia en no ha, es siempre sobre algo que se desearía que hubiera, y la ironía ¡no es nadie…! suele indicar la exaltación de un alguien como conocimientos, picardía, fama, saber hacer…etc. 

La experimentación de esa nada

La experimentación de esa nada es siempre un constante siendo, hasta en el dormir somos en una apariencia de ausencia. Es al despertar que afirmamos nuestra falta de recuerdo sobre algo, y hacemos un razonamiento mental de que no éramos por el intervalo de tiempo sin memoria, cuando en realidad lo que llamamos intervalos de tiempo, la mayoría de ellos no hay recuerdo. La palabra nada se usa como contraste, pero la profunda y seria indagación, nos lleva al reconocimiento de una constante de presencia. Este reconocimiento de siendo presencia, es esa ausencia simultánea a toda cosa, que da contraste a cualquier forma de experiencia, esa nada es ella misma siendo, llena de ella misma como presencia constante en toda experiencia. 
 
La nada es el valor más positivo, es siendo que todo es, el valor de Ser, es en positivo, pues lo positivo por excelencia es la afirmación de Ser siendo eternamente. Ser es lo que configura y desfigura toda forma, cosa, o experiencia, es el real contínuum porque está más allá de la apariencia del tiempo, es nuestra original naturaleza.

Jugar es dar rienda Suelta

Jugar es dar rienda suelta a nuestra creatividad, nuestra creatividad es la vida jugando, y la experiencia de lo que llamamos vida es la conciencia. El ser consciente de la experiencia, este Ser, el ser consciente es el juego del Ser. La inocencia infantil vive el juego en su misma replica verdadera, la espontaneidad del jugar con todo lo que se dispone y la imaginación como soporte. La imaginación de la conciencia es la objetivación global en forma de experiencia o consciencia. La subjetividad como conciencia es el jugador. La conciencia no tiene límites en su juego, y ella permanece estable aunque se confunda con el juego, pues el juego está hecho de ella misma y simultáneamente ella misma es aparte del juego. 

Todo es un juego

Saber jugar es saber que todo es un juego, la identificación personal limita la espontaneidad por la seriedad de creerse perdedor o ganador. Al creerse persona siempre acabará perdiendo, dejará de ser lo que se cree ser, por la evidencia de que las formas desaparecen. Saber jugar es gozar intensamente del jugar sin miedo a perder o ganar, pues jugar es el jugando y no el acabando. Verdaderamente saber jugar es saberse como el jugador real, la conciencia, la vida es toda la experimentación de ella misma como conciencia y consciencia, la conciencia es el artífice de toda posible experiencia. 
 
Por muy intensamente que se viva una experiencia, ella siempre está sostenida por el hecho de ser consciente de ella, investigar ese ser consciente lleva a la discriminación certera de lo que uno es, es conciencia, y eso gusta y trasciende el juego. Si no se ve que el juego está aquí debido a la conciencia y que nuestra realidad es simultáneamente e independientemente al juego, el juego se puede convertir en un tormento… hasta el despertar de ser conciencia…a jugar que es un juego.