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Suceder

Suceder es la experiencia del ser

Suceder es la experiencia del ser

La experiencia del vivir se puede reconocer como un suceder sorpresivo, cuando se contempla sin pensamientos de control ni expectativas futuristas, en un observar ingenuamente este ahora.
 
Este suceder que se experimenta como el espectáculo de espacio, formas, sensaciones y acciones, donde la interpretación de un personaje con sus identificaciones, relaciones, deseos, miedos, satisfacciones e insatisfacciones, pueden mentalmente desubicarlo de la sencillez de este suceder que en realidad ningún personaje creó o pidió.

La vida

Este suceder quiere suceder en sí mismo por sí mismo (la vida), su querer es el experimentar, y la experiencia son los contrastes, los cambios, las intensidades, el amor por vivir o el vivir que es amor.
 
El amor es el mismo “querer” o amar el vivir, aunque mentalmente puede no reconocerse y experimentar una interpretación negativa e incoherente sobre lo que es, lo que es, es por amor de ser lo que es ahora (la vida).
 
Este ser la vida es el hecho de la misma experiencia, o el hecho de ser consciente, pues el indicativo de consciencia está en relación con la experiencia, y la total inconsciencia solo indica no experiencia.

El reconocimiento

El reconocimiento de la no experiencia es una imposible descripción de la naturaleza trascendente de la experiencia o consciencia.
 
Pues lo atemporal sin espacio ni forma es no descriptivo, y el siendo de ello trasciende la experiencia.
 
Su reconocimiento es ser la nada sin interpretación de la palabra nada, solo como contraposición a todo, y esto se puede reconocer en su manifestación como la “noción de eje” de toda la experiencia en su evidencia. 
 
Como presencia o testigo de la experiencia, que se simultanea con lo experimentado en una unidad de ser lo que sucede.

La creencia de ser

La creencia de ser exclusivamente una persona que nació y morirá, es una muy limitada visión mental de lo que la vida o consciencia es, pues ella se es siéndola toda ella en su suceder y trascender.
 
Solo surge la demanda de reconocer y el mismo reconocer, eso diluye la excluyente identificación personal.

La contemplación silente

La contemplación silente, y la contemplación discernitíva en su posibilidad, otorgan el reconocer y su trascender.
 
En este amor de Ser, surgiendo del corazón de Ser.
 
Este suceder contemplativo y discernitivo reconoce la paz y felicidad del siendo estando.
 
Cuando el querer se diluye en el suceder, es decir, cuando el yo que quiere que las cosas sean de una determinada manera, se diluye en el tal cual son las cosas sucediendo.
 
En este suceder indicado, solo se diluye la idea de yo, una idea que filtra mentalmente el suceder en una serie de especulaciones mentales.

Las especulaciones

Las especulaciones que parten de una creencia de un yo como voluntad personal exclusiva, que premedita lo que quiere que suceda, o el tal cual deberían de ser las cosas.
 
Dando un valor a ese querer, que se exige un hacer, y exige su querer a lo que cree que es aparte de él, y si no sucede su querer, se culpabiliza o culpabiliza a lo aparente otro.
 
Aunque la premeditación puede suceder, puede vivirse sin ningún yo particular que crea que es suya, irradiando exigencia intolerante, y culpa apenada o crispada. 

El vivir desde un fondo

El vivir desde un fondo donde el suceder sucede, en una constante simultaneidad de fondo y todo lo que sucede, sin ningún yo especulativo, y el supuesto “yo” cuerpo mente, solo es la funcionalidad sucediendo en este fondo del suceder.
 
Este fondo es como testigo del suceder, y como fondo es simultáneamente la nada del suceder, entendiendo nada, no como un tipo de experiencia valorativa, sino como la realidad esencial que sustenta y trasciende todo suceder. 

El querer de la arrogancia

El querer de la arrogancia de un yo creído, sin reconocer el fondo, testigo, o realidad esencial de suceder, provoca irremediablemente exigencia, culpa, y miedo a perder o sufrir (que no hay que confundir con prevención que sucede en el suceder).
 
El yo creído ha sucedido, y la disolución de ese yo, también sucede cuando sucede. Por eso que mérito y demérito se diluye cuando se diluye el yo aparente. Mientras tanto “se hace” lo que se puede, en este investigar y reposar siendo, si sucede.
 

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