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¿La realidad espiritual es Dios?

¿La realidad espiritual es Dios?

Sorprendente locura para la mente identificada y su lógica relativa, puede llegar a ser esta investigación, esta investigación no es para nadie, pues quien quiere dejar de ser lo que cree ser, “nadie”. Mejor no continuar leyendo… 
 
Dios mío, esta pequeña frase usada como exclamación tantas veces, tiene una buena posibilidad de investigación y reconocimiento. Desde el punto de vista de yo persona, cuerpo, mente (yo, mí), decir mi Dios como posesión (ser mío) puede ser una contradicción de términos, pues si se cree en Dios como el creador de todo, ese yo persona es su creación, por lo tanto coherentemente ese yo como soy, y no es mío, y si no se cree en Dios, usar el término Dios es ridículo. 
 
Pero desde otro punto de vista, si ese yo persona está en mí como aspecto básico experimental, y fundamentalmente me reconozco como la presencia, conciencia; que se da cuenta y es simultáneamente toda la experiencia, y a eso le puedo llamar Dios, entonces soy ese Dios, y como mucho podría exclamar ¡oh Dios! 

Reconociendo la realidad

Aunque desde otro punto de vista más esencializado, reconociendo la realidad esencial que soy, reconociéndome como la base trascendente, absoluta y eterna, más allá de toda exposición mental; eso que por decir algo es la simplicidad esencial de la realidad, donde la conciencia Es, y se manifiesta con toda su posibilidad infinita. Si hay un reconocimiento de Eso, lo absoluto esencial, realizándolo más allá de la conciencia, entonces se podría decir que Dios está en Mí, o en el Sí; Dios la Conciencia ha aparecido en Eso, o Eso (el Mí, o el Sí absoluto) es el soporte de la realidad de la Conciencia como Dios; y el Sí es en él como su esencia. Pero si la palabra Dios es un indicativo de más allá de toda posibilidad, siendo el absoluto esencial, más allá de la conciencia, entonces la realidad de mi es Dios. 

Confrontación

Las olas en el océano parece que se midan unas a otras, que se confronten entre si para diluirse una y otra vez en el océano, y desde el océano volver a aparecer como olas singulares, bellas, espumosas; unos segundos, unos minutos y vuelven a diluirse en el océano. La fotografía temporal retenida en la memoria, encariña al corazón perdiendo de vista su fondo oceánico. La impresionante belleza de las variaciones del océano, embravecido o en calma, expresando su potencia o su inmensidad serena. 

La lucha de las formas y la intensidad

La lucha de las formas y la intensidad de sentimientos, recomponiéndose como hielo cristalizado en una lejana evocación de aquello informe, en su infinitud de configuraciones esta experiencia de la temporalidad espectacular; toda esa infinitud diluyéndose en su fondo eterno que trasciende todo e incluye todo. Vuelve el ciclo a suceder en infinitud de partículas de vapor como destellos en la luz evaporándose en el cielo, metamorfoseándose en gotas densas de sentimientos que vuelven a diluirse en el océano del corazón de la conciencia.
 
 La confrontación puede ser muy intensa en la tormenta de la experiencia de la consciencia, pero su realidad de conciencia absoluta siempre indica el lugar que tiene todo, reconocer ese fondo absoluto es asentarse en la Realidad que permite todo relativismo y absolutismo, que la paz inalterable de su fondo permite todo contraste, pero indica siempre un corazón de paz trascendente. Regocijarse en esa paz siempre es posible porque la somos, la real grandeza no se mide por los contrastes si no por su posibilidad de serlos, reconocer esa grandeza es serla, y serla es el reposo de la auténtica humildad de ser lo que se Es.
 

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